Torre Nakagin, ejemplo de arquitectura metabólica en Tokio

Torre Nakagin

Tokio conjuga a la perfección la parte más tradicional de Japón, con sus templos y lugares históricos, con las zonas más modernas marcadas por una arquitectura completamente innovadora.

Un ejemplo de esta arquitectura moderna es la que encontramos en el barrio de Shinbasi. Allí se levanta un referente arquitectónico construido durante los años 70 y conocido desde ese momento como la Torre Nakagin.

Cabe mencionar, al hilo de esta construcción, que tras la segunda guerra mundial la arquitectura de Tokio se vio duramente afectada. Muchos edificios habían sido arrasados por lo que era necesario realizar nuevos proyectos urbanísticos.

Por esa época, un grupo de arquitectos japoneses comenzaron a pensar en una idea un tanto extravagante para la época. El movimiento metabólico, que así se hacía llamar, se basaba en la construcción de edificios modulares que en cierta forma se parecían a verdaderos organismos vivos. Construcciones que podían ser modificadas creciendo en un momento dado si se hacía necesario.

Uno de estos metabolistas fue el conocido Kisho Kurokawa, que crearía uno de los primeros edificios modulares en la ciudad, la mítica Torre Nakagin.

El edificio está constituido por dos grandes columnas. Éstas formarían el núcleo de la construcción al que se añadieron unas 140 cápsulas prefabricadas. Cada una de estas cápsulas correspondía a un pequeño apartamento, equipado con una mini cocina, cama, armarios y otros elementos, eso sí, en un reducido espacio de 8x12x7 metros.

La idea original de Kurokawa pretendía una remodelación cada 25 años, momento en el que las cápsulas serían sustituidas adaptándose al estilo de vida de ese momento. Así, según el autor de la obra, este edificio tendría una vida útil de alrededor de 200 años.

No obstante, en la práctica esto no fue así. Al parecer, el sistema para cambiar las cápsulas encarecía el procedimiento, ya que en vez de “desengancharlas” por bajo, debía hacerse por arriba, algo que no era nada sencillo.

Poco a poco el mantenimiento del edificio fue siendo cada vez menor y por tanto las mini viviendas se deterioraban a pasos agigantados, con problemas de filtración de agua y humedades en los apartamentos.

Las personas que vivían allí habían pasado de ser solteros independientes a completas familias que intentaban sobrevivir a tan poco espacio. Familias que se quejaban una y otra vez por las malas condiciones en las que debían vivir.

Todo esto sumado al gran valor del suelo en esa zona de Tokio, comenzó a perfilar la idea de que era necesario demoler la torre, algo que evidentemente levantó críticas y movimientos en contra por parte de muchos sectores de la población, que ven el edificio como un referente arquitectónico de la ciudad.

Tras la muerte de su autor en 2007, el edificio quedó completamente desprotegido. No obstante, en la actualidad no ha podido ser aun demolido, debido principalmente a la crisis económica mundial, que parece relegar hasta tiempos mejores la demolición del mismo.

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Foto vía: X00

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